Mientras dormía en su madriguera Miguel no dejaba de pensar en el desayuno, había dejado unas lepiotas marcadas con su olor, estaba pendiente de que se hicieran grandes para comérselas y sabía que mañana por la mañana sería el momento.
Se levanto y salió corriendo a buscar sus setas pero ¡oh desgracia! Cuando llegó ya era tarde, un armadillo se le había adelantado y Miguel la mofeta se quedó sin desayuno.