«El diálogo se desarrolló así:
YO: -Bien Jeeves, heme aquí.
Jeeves: -Si, señor.
YO: -Quiero decir, heme otra vez en casa.
Jeeves: -Eso es, señor.
YO: -Me hace el efecto de que ha pasado muchísimo tiempo desde que me fui.
Jeeves: -Sí, señor.
YO: -¿Se ha divertido en Ascot?
Jeeves: -Mucho, señor.
YO: -¿Ganó usted?
Jeeves: -Una suma bastante satisfactoria, gracias, señor.
YO: -Bien, Jeeves. Y ¿qué ha de nuevo en Rialto? ¿Vino o telefoneó alguien durante mi ausencia?
Jeeves: -Ha venido a menudo mister Fink-Nottle.
Abriendo mucho los ojos, casi puedo decir que quedé boquiabierto.
-¿Mister Fink-Nottle?
-Sí, señor.
-Pero ¿está en Londres mister Fink-Nottle?
-Sí, señor.
-Bueno, realmente me extraña.
Y ahora explicaré por qué me extrañaba. Me resistía a creer en la afirmación de Jeeves. Fink-Nottle, ¿saben?, es uno de esos extraños ejemplares que encontramos de cuando en cuando y que no pueden sufrir Londres.
Desde hacía años, habitaba en una remota aldea del Lincolnshire, dejándose enmohecer. Jamás se movía de allí, sin que le decidieran a venir a la ciudad ni siquiera los encuentros de Eton y Harrow. una vez le pregunté si los días no se le antojaban un poco largos y me contestó que no, porque en el estanque del jardín estudiaba las costumbres de las salamandras acuáticas. Por consiguiente, no podía imaginar qué habría inducido a aquel individuo a visitar la capital. Hubiera apostado a que, mientras existieran salamandras, nada le haría salir de su aldea.»
Si lleváis un tiempo siguiendo este blog sabréis que me encanta el humor inglés, me fascinan las películas de los Monty Pyton y ese humor que sólo personas como Wodehouse o Saki




(por no hablar de Tom Sharpe o Nick Hornby, entre otros) saben sacar de lo más casposo de la campiña inglesa de épocas remotas. Si no lo sabías, ya lo sabes, puedes leer algo más de éste género en mi libro de la semana sobre Saki y sus cuentos completos, por ejemplo.
El apuesto y un tanto estúpido Bertie Wooster y su maravilloso, afilado y listo como él solo mayordomo Jeeves llegaron a mi vida hace ya muchísimos años, tantos como 15 por lo menos pues sus libros son de «El Círculo de Lectores» y nosotros hace que no somos suscriptores más de 15 años. Tras los dos primeros libros del señor Wodehouse, «El inimitable Jeeves» y éste que os presento hoy «De acuerdo, Jeeves». P.G.Wodehouse me sorprendió con Luna Llena, que no sé si es anterior o posterior.
Es sencillo de explicar, escribe cuentos pequeños, nada complicados, muy ligeros de leer y que a mi siempre consiguen sacarme una sonrisa, gracias a él sé que los ingleses de la campiña tienen una pequeña obsesión por las rosas y las gallinas y que hay muchas clases de gallinas, y diréis ¡pero eso es en un libro, no puedes decir eso de la sociedad actual! bueno, pues os diré que tengo un amigo que además es profesor de inglés y que es de Londres, aunque sus padres se mudaron ya hace muchos años a la campiña y ¡tienen esa misma obsesión con las gallinas y las rosas! así que muy desencaminado no andaba, no.
Pero lo que os decía es que me encantan sus cuentos, tratan sobre un mayordomo y su señor, el señor un tanto idiota y el mayordomo un tanto listillo. En este caso, el tercero en discordia, el señor de las salamandras que os contaba en el pequeño extracto del texto, se ha enamorado y va a pedirles ayuda para enamorar a la muchacha, lo que es bastante complicado contando que el tipo es un rancio de libro.
Os recomiendo que si no habéis tenido ningún libro de este género busquéis uno, estos son perfectos pero sino también podéis probar con títulos generales de recopilación del género, que los hay (alguno os traeré yo) pues son lecturas sencillas y siempre te sacan una sonrisa.
Yo utilizo este tipo de libros como un «cortante» entre libros más densos, por ejemplo si me paso 4 meses leyendo libros de Ken Follet, o leo uno o dos de Murakami luego necesito algo «leve» porque me dejan muy saturada, así que me leo cosas como esta.