Historias mínimas 23
Llamó a su puerta y ofreció su ayuda, era poca, no tenía mucho para dar pero quería darlo. No la quisieron. Decidió pedirles que le tuvieran en cuenta para donar cuando hubiera ocasión pero siempre se encontró que nunca lo tuvieron en cuenta. Pero se quejaban de lo mucho que costaba que la gente se […]
Historias mínimas 22
Había un vecino que se tiraba de los pelos, otro que escupía por la ventana, otra que gritaba y otro que andaba por casa con cascos, todos padecían de nervios. Es lo que tiene jugar con una radial a la hora de la siesta de todos los días. Memorias de una puta obra.
Historias mínimas 21
Mientras dormía en su madriguera Miguel no dejaba de pensar en el desayuno, había dejado unas lepiotas marcadas con su olor, estaba pendiente de que se hicieran grandes para comérselas y sabía que mañana por la mañana sería el momento. Se levanto y salió corriendo a buscar sus setas pero ¡oh desgracia! Cuando llegó ya […]
Historias mínimas 20: memorias de una majada (Braña)
Había hierba y musgo, foletos y toxos y piedra, mucha piedra. Al fondo del valle se entreveían las pequeñas Cabañas y se dejaba escuchar el sonido de los cencerros en el aire. Si te parabas parecía que podías oír a Heidi llamando a Niebla y a Pedro. Niebla no estaba aunque había otros 5 de […]
Historias mínimas 19
Caminaba muy despacio, era una cuestión de tiempo que le pillasen pero no podía hacer nada al respecto, estaba hecho a la idea, cuanto más se esmeraba peor lo hacía, tenía que ir a su ritmo y solo pensar en el objetivo: la chanzoleta que había más adelante. Es lo que tiene ser un caracol, […]
Historias mínimas 18
Nada como un baño en el mar, agua fresca y salada, flotar bajo el sol… Menos cuando el mar está agitado, en plan «marejada a fuerte marejada» esa frase con la que hemos crecido todos… Entonces es mejor no nadar, que luego tiene el helicóptero que venir a buscar nuestros restos machacados y en casa […]
Historias mínimas 17
Una vez en su casa Martin se encontró con unas sospechosas cagadas. Era lo que algunos llamarían un cabo suelto. Puso veneno y se sentó a esperar. Como todo, el tiempo pone a cada uno en su sitio, en este caso a Martín dominando su casa y al ratón muerto en la basura.