Historias mínimas 35

El estrés es algo que llega sin que te des cuenta, como los granos, te despiertas un día por la mañana y ahí está el grano purulento. Y con el estrés igual, tan pronto estás bien como te conviertes en Chuki el muñeco diabólico, es por el estrés, tú no te das cuenta pero llevas […]

Historias mínimas 34

Lo miraba. Lo volvía a mirar. Cambiaba el ángulo y volvía una vez más. Fuera como fuese y lo mirase como lo mirase siempre veía lo mismo. La felicidad absoluta. Su marido le decía siempre lo mismo, «un minuto en el paladar y toda una vida en las caderas» pero el bollo ahí estaba, pidiendo […]

Historias mínimas 33

Se apoyaba en el alféizar de la ventana, disimuladamente, sin abrirla, en una esquina, miraba la casa de enfrente, observaba a la chica que dormía la siesta, muy tranquila, con dos perros, antes embarazada y ahora con un bebé. Le gustaba ver cómo reían y jugaban cuando se despertaban porque sabía que era la recta […]

Historias mínimas 32

Se encontraba solo, tirado en un banco del parque, era una noche oscura y fría de enero, con la cabeza pegada a la madera del banco babeaba, hacia un momento que había llovido así que estaba mojada, húmeda y no de placer. Estaba muy cansada, le gustaría estar en otro lugar pero no tenía fuerzas […]

Historias mínimas 31

Quiero ser tantas cosas que al final no soy ninguna. Luego veo a mi bebe, me voy a comer con mi prima o me paso la mañana con mi hermana y se me pasa un rato. Y así pasan los días y los años y vas a la deriva, como madera de balsa, esperando a […]

Historias mínimas 30

Cuando llegó se dio cuenta que no tenía nada, la despensa estaba vacía, la nevera también, no había ni povisos del desierto rodando por el suelo. Pensó en salir a la compra pero le dio pereza y se echó una siesta. Al despertar llamo al servicio de habitaciones y pidió un poco de sushi. Se […]

Historias mínimas 28

Caminaba despacio, mirando a los lados, intentando no hacer ruido, llegó al umbral de las escaleras y subió, poco a poco, sin prisa, el premio esperaba al final de las escaleras, una gran cama calentita, mullida y firme a la vez, llena de cojines y mantas, ese lugar donde le encantaba reposar cuando estaba sola. […]